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ACTUALIZACIÓN
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La
catarata en el niño
Dr. Ramiro Medina Boiko - Sección de Consultorios Externos HSL
agnlucia@satlink.com
El
tratamiento de la catarata pediátrica plantea al oftalmólogo diversos interrogantes.
Entre ellos:
- en qué casos operar y cuándo es el momento oportuno para decidir la operación,
- qué técnica quirúrgica utilizar,
- cómo corregir al paciente en el postquirúrgico: con anteojos, con lentes de
contacto (LC), o con lente intraocular (LIO),
- si se opta por LIO: qué tipo de LIO se debe colocar y qué poder dióptrico
debe tener el LIO.
La
bibliografía sobre el tema no vacila en afirmar que el momento apropiado para
la intervención quirúrgica dependerá del cuadro clínico al que nos confrontemos.
En las cataratas unilaterales es aconsejable la operación a partir del primer
mes de vida, teniendo en cuenta el carácter ambliopizante de esta enfermedad.
En el caso de una catarata bilateral, la cirugía puede retrasarse un tiempo
más. Se podría aguardar hasta que el niño cumpla un año. Cuando la catarata
se desarrolla durante la infancia, es decir, antes de los 8 años, la indicación
quirúrgica más apropiada debe tener en cuenta que la agudeza visual sea inferior
a 20/80.
En lo que respecta a la forma de corrección si se trata de cataratas unilaterales
la posibilidad de dejar afáquico al paciente, nos pone frente al riesgo de
ambliopizar al niño. Una de las formas de corrección para este síndrome
es a través de la colocación de un LC. Dado que la mayoría de estos pacientes
son muy pequeños esta forma de corrección óptica no resulta viable porque su
colocación es dificultosa. El niño tiende a sacarse el LC, con la consiguiente
pérdida del mismo lo cual genera un costo económico adicional para sus padres.
Tampoco la corrección con anteojos resulta aceptable si se tiene en cuenta la
anisometropía y la aniseiconía que puede producir. La mejor forma de corrección
consistiría en la colocación de un LIO, con la salvedad de que con el tiempo
acarreará problemas dada la modificación en el largo axil con el cambio refractivo
que esto origina.
Si el paciente padece cataratas bilaterales puede quedar afáquico y ser corregido
con anteojos, con LC o mediante la colocación en un segundo tiempo de un LIO.
La
pregunta se diversifica en tres interrogantes:
- de qué material debe ser el LIO,
- qué tamaño debe tener el LIO apropiado,
- qué poder dióptrico debe tener el LIO
Si
se tiene en cuenta que en teoría el LIO es para toda la vida deberemos estar
seguros que no sufrirá cambios con el paso del tiempo. En este sentido, el material
de elección es el PMMA ya que ofrece un aval de 50 años en su uso.
Otra cuestión a dilucidar es el tamaño. Consideremos que nos referimos a ojos
que tienen un promedio de largos axiles de alrededor de 18 mm en el momento
del nacimiento. Se han diseñado LIOs pediátricos de diferentes tamaños (largo
de 10,5 mm; 11 mm y 12 mm, con sus respectivas ópticas de 5,5 mm; 5,75 mm y
6 mm). En niños de mayor edad se pueden implantar LIO del tamaño de los del
adulto. Debido a que el ojo del niño está en crecimiento su largo axil se modifica.
Si colocáramos un LIO que dejara al ojo en condiciones de emetropía en pocos
años ese ojo tendrá una refracción mióptica. De esta situación se desprende
la dificultad para determinar el poder dióptrico del LIO que se implanta. Elic
Dahan y col.(1) realizaron un estudio comparativo en tres grupos
de niños para evaluar las variaciones del largo axil relacionadas con el crecimiento
en función de establecer el poder dióptrico del LIO. El grupo A estaba formado
por niños de 1 a 18 meses de edad; el B desde los 18 a 36 meses y el C de 36
meses a 8 años. En grupo A se observó el mayor crecimiento con la consiguiente
variación en la refracción. Los grupos B y C aumentaron escasamente el largo
axil y no hubo diferencia significativa entre ambos. Los autores recomendaron
hipocorregir en un 20% a los niños menores de 2 años y establecieron en un 10%
la hipocorrección para los niños de entre 2 y 8 años.
Por último abordaremos la cuestión de la técnica quirúrgica. Uno de los problemas
más relevantes que se presentan en los postquirúrgicos pediátricos es la elevada
incidencia de opacificación posterior con la formación de cataratas secundarias.
Los pacientes son niños, por este motivo, la realización de una capsulotomía
YAG láser no es una tarea sencilla debido a la falta de colaboración del paciente.
Hay una coincidencia general en los autores que abordan este tema en la realización
de una facoemulsificación. La incisión puede ser escleral o corneal, según la
preferencia del cirujano, y resulta similar a la del adulto. Un primer problema
que se presenta es la realización de la capsulorrexis ya que la cápsula anterior
del niño es muy elástica. Para evitar complicaciones en esta instancia Richard,
Comer y col. (2) proponer la realización de la rexis con radiofrequiency
diathermy (Oertli Orbit Universal Diathermy Unit), que utiliza una frecuencia
de 500 Khz. De este modo, se logra una capsulorrexis controlada y segura. Siempre
que se realice con precaución la capsulorrexis no es un paso limitante.
La facoemulsificación en las cataratas pediátricas se realiza con poco o nada
de ultrasonido debido a la escasa dureza del cristalino. Finalizada, la facoemulsificación
para algunos autores debe colocarse el LIO. Hasta aquí la técnica prácticamente
no difiere de la que se utiliza en el adulto. H. Gimbel y col.(3)
proponen, luego de una colocación del LIO en el bag capsular, la
realización de una capsulorrexis posterior de 1 mm de diámetro menor al de la
óptica, para luego proceder al atrapamiento de la óptica por detrás de la rexis
posterior. Se logra sí que la cápsula anterior y posterior estén en estrecho
contacto impidiendo la opacificación posterior. D. Koch
y col.(4) realizaron un trabajo de investigación retrospectivo
para evaluar la incidencia de la opacificación postquirúrgica. Comprobaron que
agregando a la técnica descripta por Gimbel la vitrectomía anterior disminuyó
considerablemente la incidencia de opacificación posterior aún en los casos
en los que luego de la capsulorrexis posterior no se realizaba el atrapamiento
de la óptica.
Al modo de conclusión, es evidente que a pesar de todos los avances quirúrgicos
y técnicos que hemos mencionado, no existe hasta el momento una solución ideal
para los niños que padecen cataratas.
Bibliografía