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COMUNICACIÓN
BREVE
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Epidemiología
del trauma ocular
Dr. Pablo Franco.
Consultorios Externos Hospital Oftalmológico Santa Lucía
agnlucia@satlink.com
Sin
lugar a dudas, el sentido de la visión es el que más nos comunica con el medio
ambiente, el hombre es fundamentalmente un ser visual. La pérdida de la visión
produce un daño irreparable, no sólo en el que la padece, sino también en su
entorno social más cercano. Esta circunstancia es más dramática aún cuando ocurre
de manera brusca, como sucede en el trauma ocular. Si la lesión es incapacitante,
el paciente puede verse obligado a dejar su trabajo o su profesión. A los costos
personales físicos y psicológicos , deben sumarse los costos directos e indirectos
que sufre la sociedad, estas consecuencias hacen que el trauma ocular sea un
problema relevante de la salud pública.
En Estados Unidos se calculó que son atendidos 2,5 millones de traumas oculares
por año.
Anualmente se reportan entre 40.000 a 60.000 nuevos casos de ceguera monoocular
por esta causa que se constituye en el primer motivo de internación por más
d 24 hs. en las unidades de oftalmología. Las estadísticas coinciden en que
el 80% de las víctimas son pacientes masculinos con una media de edad de 30
años. Se estima que el hombre está 5,5 veces más expuesto al riesgo de sufrir
un trauma ocular que la mujer. Además del sexo y la edad, el nivel socioeconómico
mostró estar relacionado con la posibilidad de un accidente ocular.
En un estudio realizado sobre la población americana se observó que en los EE.UU.
los negros y los hispanos de 25 a 65 años tienen entre un 40 y un 60% más de
oportunidades de sufrir un accidente que un blanco de la misma edad. Esta cifra
no sólo estaría relacionada con un menor nivel de educación y por ende de prevención,
sino también por el lugar en el que desempeñan su tarea.
A mediado de este siglo la mayoría de los traumas oculares ocurrían en el lugar
de trabajo; conforme se fueron introduciendo medidas de prevención obligatoria,
este porcentaje fue disminuyendo. Hoy en día los accidentes hogareños han alcanzado
a los laborales. Este incremento pude explicarse por imprudencia y falta de
conocimiento de las medidas básicas de protección ocular.
Una prueba irrefutable de la importancia de la prevención en el trauma ocular
la dio la obligatoriedad del uso del cinturón de seguridad en el interior de
los autos en Inglaterra. Antes de esta medida el porcentaje de heridas penetrantes
en accidentes automovilísticos era del 17,1%, luego de la aplicación de la ley
descendió al 6%. El mismo efecto se produjo en Australia donde el índice descendió
del 17,7 % al 9,6%.
A pesar de los grandes avances en la cirugía oftalmológica, los traumas oculares
(sobre todo aquellos que comprometen el polo posterior), siguen teniendo un
mal pronóstico.
De esto se desprende que el oftalmólogo general debe evaluar las posibilidades
que tiene su paciente de sufrir un accidente e informarlo de cómo se debe prevenir.
Por el momento el tratamiento con mejores resultados y más bajo costo sigue
siendo la prevención.