EDITORIAL

Ni yerba de ayer
Dr. Carlos H. Plotkin

 

La labor que realizan las Asociaciones Cooperadora en los hospitales públicos en general y en el Santa Lucia de modo particular, han sido puestas últimamente en cuestión ya que los la Secretaria de Salud del Gobierno de la Ciudad determina que la atención de los pacientes debe ser totalmente gratuita. Este criterio entró en coalición con lo que las cooperadoras hacen: solicitar a quienes concurren buscando alivio al hospital, una ayuda modesta, al modo de una contribución, dando así la posibilidad de que se produzcan actitudes solidarias que hacen a la esencia del acto de cooperar.
De este modo se generó una suerte de controversia entre la atención gratuita versus la contribución voluntaria cuyo resultado fue la merma de los ingreso de la Cooperadora. Esta situación tuvo una incidencia directa y repercutió desfavorablemente en el desarrollo y desenvolvimiento de algunas áreas del hospital.
La ordenanza que regula el funcionamiento de la Cooperadora dice en su articulo 5, que es una finalidad de la Institución "captar fondos para posibilitar el logro de sus objetivos" y más adelante enuncia que entre las fuentes para obtener recursos están las "contribuciones voluntarias que no condicionan la prestación del servicio por parte del instituto municipal". El destacado es propio, porque creo que allí esta la clave que explica cuál debería ser el modus operandi de las Cooperadoras. 
Es sabido que la situación ideal es la gratuidad total de la atención de la salud en los hospitales públicos. Pero, ¿y la situación real?. La realidad indica que sin la acción de la Cooperadora las instituciones de salud ven menoscabadas su capacidad de brindar servicios. La acción de la Cooperadora del Hospital Santa Lucia en los últimos años permitió entre otras cosas la reparación edilicia de los Servicios de Guardia, Consultorios Externos, Bancos de Córnea, y Neurocirugía y entre otras cosas la construcción de una Sala de Juegos para recreación de los niños. Pero además permitió la adquisición de material descartable y de algunos insumos para satisfacer demandas inmediatas de pacientes. Vale decir, que ha sido el aporte de la gente que se atiende en el Hospital la que ha permitido costear las erogaciones que demandaron estas obras. No olvidemos que al Hospital Santa Lucía concurren pacientes de todo nivel socio económico: está el que no puede nada, el que puede algo y el que puede mucho. Sin embargo, esta decisiva colaboración no puede ser obligatoria, ni originar discriminaciones en la atención.
La Cooperadora a su vez, debe llevar un estricto control de sus ingresos y egresos, ser supervisada de modo permanente y ser informada de los requerimientos por la Dirección del Hospital. Más aún, como en nuestro país una penosa tradición hace que lo obtenido por impuestos, donaciones, colectas y contribuciones destinadas al beneficio y cuidado de la comunidad vayan a parar a un destino incierto, diferente para el que fueron obtenidos, es menester que la Cooperadora comunique a los interesados, en forma periódica y con suma transparencia, la asignación de cada peso, de cada patacón invertidos en su gestión. Esto garantiza que nadie se sienta defraudado, y que los hospitales brinden mejores servicios para satisfacer las expectativas que la comunidad necesitada de asistencia, deposita en ellos. 
La acción de la Cooperadora permite a través de la contribución voluntaria enriquecer la calidad de atención que gratuitamente reciben los pacientes.