EDITORIAL

¿Ver para creer?
Dr. Carlos H. Plotkin
Jefe Docencia e Investigación
Hospital Oftalmológico Santa Lucía
chplotkin@hotmail.com

Cada vez que transitamos el comienzo de un nuevo ciclo en nuestro quehacer -y marzo parece ser el mes en que se data este espíritu de reinicio- despunta en la memoria al modo de un marco en el cual se inscribe la continuidad de nuestros propósitos, el itinerario recientemente concluido del año que dejamos atrás. Nuestro último diciembre fue pródigo en conmemoraciones que a nosotros nos atañen en forma directa. Se celebró el Día del Médico y poco después el del Oftalmólogo que coincide con el día de Santa Lucía, un verdadero festejo para el Hospital, que en esa fecha resultó más emotiva que nunca, ya que la Asociación de Profesionales hizo entrega por primera vez de una medalla al profesional más destacado, en homenaje al Dr. Jorge Koen, compañero muy querido de esta Casa.
Aunque la crisis nos llegó a todos (falta de insumos, problemas de mantenimiento), el 2003 fue productivo en eventos de diversa índole. Celebramos con éxito las primeras Jornadas Hospitalarias en las que el personal del hospital se integró magistralmente. Entre septiembre y octubre se realizaron los Cursos de Actualización (y van 12 años) con una concurrencia que sobrepasó la capacidad del aula.
Puertas afuera, tuvimos presencia en la Exposalud con un stand en el que los médicos del Hospital expusieron temas relacionados con la comunidad. Participamos además en la campaña escolar de detección de ametropías y patología visual, tanto como en la campaña de detección de glaucoma en la población. En otro orden de cosas se consiguió un proyector multimedia de incalculable valor para clases y cursos.
Si al inaugurar las actividades del 2004, con gracia concesiva el genio de Aladino se desprendiera de su lámpara, qué pediría un oftalmólogo del Santa Lucía?
El Oftalmólogo en cuestión piensa detenidamente y se dice:
- ¿Un faco?-
- ¿Un excimer?-
- ¿Un vitréctomo?-
No.
Acaba de recordar que la codicia es uno de los siete pecados capitales y que el horno no está para bollos. Tal vez haya que olvidar objetos y pensar en deseos. El genio de Aladino seguramente podrá hacer o hará que se cumplan.
Entonces, recuerda a Saramago y su "Ensayo sobre la ceguera" y cree que no le vendría mal ser el oftalmólogo referente en una situación semejante a la descripta en la novela. Sin embargo le vienen rápidamente a la memoria Hipócrates y los Diez Mandamientos y desiste...
Pedir que todo el mundo vea bien y nadie tenga conjuntivitis le suena utópico y además perdería sentido su razón de ser.
No.
Debe soñar con algo más racional y con cierta lógica porque para irracional e ilógica ya está la realidad. Entonces, lentamente le surge una idea que no le parece tan descabellada.
Va a pedir que el resultado de su trabajo sea satisfactorio para el médico y para el paciente.
Que su razonamiento se ilumine cuando hace un diagnóstico.
Que sus pacientes operados se recuperen rápidamente.
Y que pueda contribuir en algo para que la ceguera social sea pronto un recuerdo.

Feliz comienzo para todos.