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TRABAJO
ORIGINAL
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Tratamiento y evolución de pacientes con penfigoide ocular cicatrizal
Dra.Viviana
A. Corvino
Hospital Oftalmológico Santa Lucía
viviana-c@arnet.com.ar
Resumen
Objetivo:
El objetivo del trabajo fue realizar un análisis de las manifestaciones
clínicas, evolución y pronóstico del penfigoide ocular
cicatrizal, y evaluar la eficacia de la meprednisona y azatioprina en el tratamiento
de esta enfermedad.
Materiales y métodos: Se estudiaron 19 pacientes
con diagnóstico de penfigoide ocular cicatrizal que concurrieron al servicio
de infecciones oculares del hospital Santa Lucía. Se analizaron las historias
clínicas de cada paciente junto con los siguientes parámetros:
antecedentes, signos y síntomas, métodos de diagnóstico,
tratamiento y evolución. El diagnóstico se realizó en base
a dos criterios, uno clínico y evolutivo y otro mediante la realización
de una biopsia conjuntival por congelamiento para inmunohistopatología.
Todos los pacientes fueron tratados inicialmente con AINES (diclofenac) en forma
tópica, posteriormente algunos fueron tratados con inmunosupresores sistémicos
(azatioprina) por vía oral y diclofenac, otros fueron tratados con corticoides
(meprednisona) por vía oral y diclofenac y otros con corticoides en forma
tópica (fluorometolona) como única droga. Se ordenaron 5 años
de evolución en tres grupos. Grupo 1: 6-12 meses. Grupo 2: 12-48 meses.
Grupo 3: más de 48 meses (máx. 5 años).
Resultados: el 63% correspondieron al sexo femenino
y el 37% al masculino. Previo al diagnóstico, el 63,2% fue tratado por
conjuntivitis crónica, el 26,3% por entropion y triquiasis y el 10,5%
por ojo seco. Todos los pacientes presentaron en la consulta conjuntivitis y
como signos predominantes múltiples papilas de localización tarsal
(31,5%), blefaritis (15,7%), simbléfaron (15,7%), cicatrices tarsales
(5,2%) y entropion, triquiasis y lagoftalmos (31,5%). En el momento del diagnóstico,
el 10,5% presentaba un estadío I de evolución, el 31,5% estadío
II, el 52,6% estadío III y el 5,2% estadío IV. Los resultados
según el grupo de estudio fueron: Grupo 1: los 3 casos tratados con diclofenac
conservaron igual estadío evolutivo (estadío I y II). Los tratados
con meprednisona y diclofenac (5 casos) conservaron igual estadío (III
y IV). Los tratados con azatioprina avanzaron un estadío evolutivo (de
II a III). Grupo 2: los 6 casos que conservaron igual estadío, 1 caso
fue tratado con fluorometolona (estadío I), 2 casos con meprednisona
y diclofenac (estadío III) y 3 casos con azatioprina y diclofenac (estadío
III). Los 2 casos restantes que conforman este grupo avanzaron un estadío
(de II a III), uno de ellos tratado con meprednisona y diclofenac y el otro
caso con azatioprina y diclofenac. Grupo 3: el único caso de este grupo
fue tratado con azatioprina y diclofenac avanzando en este tiempo un estadío
(de III a IV).
Conclusiones: los defectos del epitelio corneal, la
persistencia y el avance del proceso inflamatorio y cicatrizal de la conjuntiva
son factores de gran importancia en la evolución y pronóstico
de la enfermedad. Para tratar de detener éstos fenómenos y así
mejorar el pronóstico y la calidad de vida de los pacientes con penfigoide
ocular cicatrizal es necesario recurrir a toda terapéutica disponible,
incluyendo los inmunosupresores sistémicos y corticoides. Los estadíos
iniciales son los que mejor responden al tratamiento con AINES, en cambio, los
estadíos avanzados se ven beneficiados con la terapia inmunosupresora
y con corticoides.
Palabras claves: penfigoide ocular cicatrizal - conjuntivitis
cicatrizal.
Introducción
El penfigoide
ocular cicatrizal es una enfermedad inflamatoria, crónica y progresiva
que afecta mucosas y excepcionalmente la piel. Se caracteriza por la presencia
de ampollas y bullas en la piel y mucosas con marcada cicatrización a
nivel de la conjuntiva bulbar y tarsal. Suele ser bilateral pero con distintos
estadíos evolutivos en cada ojo.
Su patogenia es inmune y está caracterizada por la unión de anticuerpos
(más frecuentemente Ig G y/o Ig M) con componentes de la vía clásica
y alterna del complemento (C3) a la membrana basal de la mucosa oral, piel y
conjuntiva. De hecho, la biopsia de conjuntiva de muchos pacientes muestra la
presencia de Ig G- Complemento sobre la membrana basal del epitelio. La respuesta
inmunitaria estaría relacionada con el antígeno penfigoide bulloso
2 y raramente con laminina-5.
Existen drogas que pueden provocar la aparición de lesiones idénticas
a las producidas por esta enfermedad como idoxuridina, ecotiofato, pilocarpina,
epinefrina y timolol (administradas en forma tópica) y practolol y D-penicilamina
(en forma sistémica). Estas drogas pueden acelerar el proceso cicatrizal
de la enfermedad pero, a diferencia de las lesiones encontradas en la forma
idiopática, son unilaterales y no se presentan con signos sistémicos
asociados. La cicatrización producida por fármacos puede cesar
al suspender la droga o seguir progresando.
La afectación ocular, que aparece en la mayoría de los casos,
puede ser la única manifestación de la enfermedad. Su inicio suele
ser insidioso, con crisis recidivantes de inflamación conjuntival, muchas
veces con secreción de tipo mucosa y hasta mucopurulenta (por infección
bacteriana secundaria). Los primeros estadíos se manifiestan con hiperemia
conjuntival difusa, secreción, conjuntivitis papilar e inflamación
crónica. Luego, junto con el fenómeno cicatrizal, se agrega, retracción
conjuntival y blefaritis. El único signo que induce a la sospecha son
las cicatrices subepiteliales que suelen encontrarse en la conjuntiva tarsal
cercanas al borde palpebral. Respecto a su evolución, se lo clasifica
en cuatro estadíos, según Foster CS, y Mondino BJ, (cf. Materiales
y Métodos).
El diagnóstico se basa fundamentalmente en la clínica y su evolución,
aunque el diagnóstico de certeza se establece por medio de una biopsia
de conjuntiva tarsal por congelamiento para inmunohistopatología. Forman
parte del diagnóstico diferencial otras entidades o procesos como las
quemaduras químicas, traumatismos, radiación, conjuntivitis infecciosa,
síndrome de Steven Johnson y sarcoidosis.
No existe, hasta el presente, tratamiento definitivo para el penfigoide ocular
cicatrizal, en la mayoría de los casos y según su evolución
se emplean lubricantes, antiinflamatorios no esteroides, corticoides, inmunosupresores,
lentes de contacto terapéuticas y en ocasiones se recurre al tratamiento
quirúrgico específico para entropion y triquiasis.
Objetivo
El objetivo del trabajo fue realizar un análisis de las manifestaciones clínicas, evolución y pronóstico del penfigoide ocular cicatrizal demostrando la eficacia de la meprednisona y azatioprina en su tratamiento.
Materiales y Métodos
Los 19 pacientes
fueron estudiados en el servicio de infecciones oculares del hospital Santa
Lucía. Los datos se recabaron tanto de un estudio retrospectivo de las
historias clínicas como de los signos y síntomas que presentaban
los pacientes a lo largo de las frecuentes consultas que ellos realizaron.
Se excluyeron en este trabajo todas aquellas causas que pueden provocar signos
de cicatrización conjuntival como drogas, quemaduras químicas,
traumatismos y las enfermedades ya mencionadas. Sólo se estudiaron los
pacientes que presentaban manifestaciones clínicas y evolutivas relacionadas
con el penfigoide ocular cicatrizal, incluyéndose los diagnosticados
en nuestro hospital y en otros establecimientos a partir de biopsias conjuntivales.
El diagnóstico se realizó teniendo en cuenta dos criterios, uno
clínico-evolutivo y otro mediante la realización de una biopsia
de conjuntiva tarsal por congelamiento para inmunohistopatología. Las
manifestaciones clínicas y evolutivas en todos los casos fueron características
del penfigoide ocular cicatrizal, sólo en 5 casos se realizó una
biopsia de conjuntiva que confirmó el diagnóstico con el siguiente
resultado: corion con fibrosis e infiltrados linfocitarios, congestión
vascular, inflamación crónica con marcada fibrosis, depósitos
de Ig M, Ig G y C3 con pérdida de patrón de membrana basal y sectores
con marcada cicatrización. Todos los pacientes fueron evaluados clínicamente
con el fin de encontrar algún signo de compromiso sistémico.
Posteriormente al diagnóstico fueron estadificados según la clasificación
de Foster y Mondino, descripta en 1992.
Estadío I: inflamación conjuntival, secreción mucoide,
tinción de la conjuntiva con Rosa de bengala, cicatrices subepiteliales.
Estadío II: contracción conjuntival con acortamiento de fondos
de saco, engrosamiento de los bordes palpebrales, borramiento del canto interno.
Estadío III: mayor contracción con formación de simbléfaron,
queratopatía, panus corneal, entropion, triquiasis, sequedad ocular.
Estadío IV: sequedad ocular grave, anquilobléfaron, queratinización
corneal.
Todos los pacientes fueron tratados inicialmente con diclofenac sódico
(2-3 gotas/día) en forma tópica, y en función a la respuesta
obtenida, algunos fueron tratados con azatioprina (Imurán, dosis 100
mg/día) por vía oral y diclofenac, otros fueron tratados con meprednisona
(Deltisona B, dosis 10 mg/día) por vía oral y diclofenac y otros
solamente con fluorometolona tópica (2-3 gotas/día). Los pacientes
tratados con azatioprina y con meprednisona fueron evaluados periódicamente
con controles clínicos y hematológicos a fin de evitar los efectos
adversos que estas drogas pueden ocasionar. Para un mejor análisis de
la evolución clínica y eficacia del tratamiento instaurado a largo
plazo se conformaron tres grupos. Grupo 1: evolución clínica de
6-12 meses. Grupo 2: 12-48 meses. Grupo 3: más de 48 meses.
FIGURA 1. Número de casos según edad.

Resultados
El 63% (12
casos) correspondió al sexo femenino y el 37% (7 casos) al masculino.
Se encontró entre ellos una relación aproximada de 2:1. El 68,4%
(13 casos) mayores de 60 años, (Figura 1). Cabe destacar que se estudiaron
dos casos de 8 y 15 años de edad cuyo diagnóstico fue confirmado
por biopsia conjuntival.
Todos los pacientes fueron tratados por diferentes etiologías. El 63,2%
(12 casos) fueron tratados por conjuntivitis con diversos antibióticos
(eritromicina, tobramicina, cloranfenicol, ciprofloxacina) en forma tópica,
el 75% durante 1 a 3 meses y el 25% durante 1 a 3 años. En todos los
casos se realizaron varios cultivos de secreción conjuntival sin encontrarse
el germen causal. El 26,3% (5 casos) fueron tratados por entropion y triquiasis
durante 2 años, se extrajeron pestañas en forma periódica
para evitar erosiones y úlceras corneales y en 3 casos se recurrió
a tratamiento quirúrgico para aliviar y controlar las molestias que ocasionaban
estas patologías. Por último, el 10,5% (2 casos) fueron tratados
durante 4 años por ojo seco con lubricantes en forma de gel y colirios
sin obtenerse respuesta favorable, (Figura 2).
FIGURA 2. Patologías tratadas previas al diagnóstico.

Todos los
pacientes se presentaron a la consulta con signos y síntomas de conjuntivitis
crónica con signos predominantes como múltiples papilas localizadas
en el tarso superior e inferior de ambos ojos (31,5%, 6 casos), con simbléfaron
en tarso inferior en ambos ojos (15,7%, 3 casos), con irritación y cicatrices
en tarso superior de ambos ojos (5,2%, 1 caso) y con entropion, triquiasis y
lagoftalmos (31,5%, 6 casos).
Luego del diagnóstico, se estadificó a todos los pacientes encontrándose
los siguientes resultados que se expresan en la Figura 3. Cabe destacar que
el 84,1% correspondió a los estadíos II y III.
El 52,6% (10 casos) respondió favorablemente a la terapéutica
inicial, observándose una importante disminución del proceso inflamatorio
y en algunos casos cicatrizal durante el primer mes de tratamiento. Durante
el segundo y tercer mes sólo se mantuvieron estables el 15,8% (3 casos),
en el 84,2% (16 casos) se observó una exacerbación del cuadro,
por lo cual 8 casos de éstos fueron tratados con meprednisona y diclofenac
durante períodos de 6 meses como mínimo, 7 casos fueron tratados
con azatioprina y diclofenac durante igual tiempo y 1 caso fue tratado solamente
con fluorometolona durante períodos de 3 meses.
FIGURA 3. Estadificación de los pacientes posterior al diagnóstico.

La evolución
de los pacientes por grupos de seguimiento y medicación indicada figuran
en la Tabla 1. En el grupo 1 (10 casos), ocho casos conservaron igual estadío,
3 tratados con diclofenac (estadío I y II), 5 casos con meprednisona
y diclofenac (estadío III y IV). Los 2 casos tratados con azatioprina
y diclofenac avanzaron un estadío (de II a III). En el grupo 2 (8 casos),
seis casos conservaron su estadío, 1 caso fue tratado con fluorometolona
(estadío I), 2 casos (estadío III) con meprednisona y diclofenac
y 3 casos (estadío III) con azatioprina y diclofenac. Los 2 casos restantes
que conforman este grupo avanzaron un estadío (de II a III), uno tratado
con meprednisona y otro con azatioprina. El único caso correspondiente
al grupo 3 avanzó un estadío evolutivo (de III a IV) habiendo
sido tratado con azatioprina y diclofenac. En cuanto a los pacientes tratados
con azatioprina y meprednisona, sólo se logró detener el proceso
inflamatorio y cicatrizal en aquellos que presentaban estadíos avanzados
(estadío III) utilizando estas drogas a dosis bajas y durante períodos
de seis meses como mínimo, no se logró igual efecto en los estadíos
iniciales (I y II).
Tabla 1: Evolución según grupos de seguimiento.
|
Grupo
|
Estadío
|
Nº
de casos
|
Medicación
|
Evolución |
|
|
Igual
|
Empeoró
|
||||
|
1 (6-12
meses)
|
I
|
1
|
Diclofenac
|
1
|
-
|
|
II
|
2
|
Diclofenac
|
2
|
-
|
|
|
2
|
Azatioprina
|
-
|
2
|
||
|
III
|
4
|
Meprednisona
|
4
|
-
|
|
|
IV
|
1
|
Meprednisona
|
1
|
-
|
|
|
2 (12-48
meses)
|
I
|
1
|
Fluorometolona
|
1
|
-
|
|
II
|
1
|
Azatioprina
|
1
|
||
|
-
|
1
|
Meprednisona
|
-
|
1
|
|
|
III
|
3
|
Azatioprina
|
-
|
-
|
|
|
-
|
2
|
Meprednisona
|
3
|
-
|
|
|
IV
|
0
|
-
|
2
|
-
|
|
|
3 (>
48 meses)
|
I
|
0
|
-
|
-
|
-
|
|
II
|
0
|
-
|
-
|
-
|
|
|
III
|
1
|
Azatioprina
|
-
|
1
|
|
|
IV
|
0
|
-
|
-
|
-
|
|
Discusión
En este
estudio se observa que la población afectada por el penfigoide ocular
cicatrizal se encuentra entre 40-90 años, con mayor prevalencia a partir
de los 60 años.1-2 Cabe señalar que fueron encontrados en este
trabajo dos casos de 8 y 15 años.
Todos los pacientes presentaron el antecedente de haber sido tratados por diferentes
patologías como conjuntivitis crónica, entropion, triquiasis y
ojo seco durante meses y en algunos casos durante años sin la sospecha
de encontrarse frente a un penfigoide ocular cicatrizal. Debido a estos signos
y síntomas inespecíficos puede confundirse a esta enfermedad con
una conjuntivitis de causa viral, alérgica o bacteriana 1-2 y tratarla
con antialérgicos o antibióticos sin tener en cuenta que su uso
prolongado puede producir un aumento del proceso cicatrizal debido a los conservantes
que se incluyen en estos productos.9
En la primera consulta al servicio de infecciones oculares, todos los casos
se presentaron con signos y síntomas compatibles con conjuntivitis que
por su evolución fue clasificada como crónica, los signos encontrados
incluyeron hiperemia conjuntival, conjuntivitis papilar, secreción mucosa
y lagrimeo, esta parece ser la presentación típica de la enfermedad.1-2,4,8
Dichas manifestaciones oculares fueron encontradas en ambos ojos pero con diferentes
grados de afectación.1 También se observaron otros signos que
orientaron hacia el diagnóstico de penfigoide ocular cicatrizal como
cicatrices subepiteliales en 2 casos, engrosamiento del borde palpebral con
borramiento del canto interno en 6 casos, simbléfaron, entropion y triquiasis
en 10 casos y queratinización corneal leve en 1 caso.1,3,8
Si bien, en todos las manifestaciones clínicas y evolutivas eran típicas
del penfigoide ocular cicatrizal, sólo se pudo realizar una biopsia conjuntival
en 5 casos ya que en nuestro medio hospitalario, la mayor parte de los pacientes
carece de recursos económicos para realizar este estudio para confirmar
el diagnóstico.1,3 Varias publicaciones avalan el hecho de realizar el
diagnóstico de penfigoide ocular cicatrizal en función a la clínica
y evolución.1-2,4
Los mismos trabajos coinciden en que, a pesar de esto el diagnóstico
de certeza se obtiene mediante una biopsia conjuntival positiva con evidencias
como distorsión de la membrana basal y depósitos de Ig G, Ig M,
Ig A y C3.3 En algunos pacientes se ha observado que la toma de la muestra para
biopsia puede acrecentar el proceso cicatrizal.1
Todos los casos fueron tratados inicialmente con diclofenac sódica en
forma tópica y evaluados clínicamente a fin de identificar manifestaciones
generales en piel y otras mucosas 1-2,4 sin resultados positivos a diferencia
de un estudio realizado por Elder y col,3 donde sobre 66 pacientes, el 50% presentaba
lesiones de aspecto bulloso en mucosa oral, esofágica y genital.
Durante el primer mes de tratamiento con la terapia inicial, se observó,
en todos los casos, una respuesta favorable con disminución de la inflamación
y detención del proceso cicatrizal. Durante el segundo a tercer mes de
tratamiento se observó en 16 casos una reagudización del cuadro
inflamatorio, esto obligó a cambiar la terapéutica sin tener en
cuenta el estadío evolutivo sino la severa inflamación que presentaban
estos pacientes.1
Las drogas elegidas fueron meprednisona y azatioprina, ambas acompañadas
por diclofenac como coadyuvante y en otros casos se eligió sólo
fluorometolona tópica. La meprednisona fue utilizada desde el comienzo
a dosis bajas para evitar los efectos adversos que suelen aparecer durante el
primer mes de tratamiento cuando es utilizada a dosis mayores,4-5 para el uso
de azatioprina se eligió la dosis recomendada para esta droga.5,7
Para tratar de evitar y/o controlar los efectos adversos que surgen a partir
de la utilización de estas drogas, los pacientes fueron evaluados periódicamente
con controles clínicos y hematológicos,4-5 no se ha encontrado
en los pacientes estudiados efecto adverso alguno, tal vez, debido a que se
trató de lograr el mayor efecto con la mínima dosis posible.
En la evolución de los 19 pacientes estudiados según los grupos
confeccionados y el tratamiento impartido se demostró que los estadíos
iniciales (I y II) respondieron favorablemente al tratamiento con diclofenac
con disminución del proceso inflamatorio y detención del cicatrizal
durante 12 meses, mientras que los estadíos avanzados (III y IV) sólo
respondieron a la terapia con azatioprina o meprednisona conservando igual estadío
evolutivo durante 48 meses. Si comparamos estos resultados con los obtenidos
por Elder y col, quien en su trabajo sobre 10 pacientes, demostró que
al cabo de 18 meses de tratamiento con ciclofosfamida a una dosis de 1-2 mg/kg/día,
sólo conservaron igual estadío evolutivo aquellos pertenecientes
al estadío III,10 es útil recordar que a igual dosis de ciclofosfamida
y azatioprina se obtiene igual resultado para ambas drogas.5,7
A partir de estos resultados surge la necesidad de tratar de detener el avance
del proceso inflamatorio y cicatrizal para mejorar el pronóstico y la
calidad de vida de los pacientes que padecen esta enfermedad con toda la terapéutica
efectiva disponible como, en este caso, drogas inmunosupresoras y corticoides
sistémicos.
Referencias
Agradecimientos:
A los Dres. Ricardo Brunzini, Norma Pittorino y Oscar Croxatto por su colaboración
en la elaboración de este trabajo. Mi reconocimiento al apoyo y a los
miembros del Servicio de Infecciones Oculares del Hospital Oftalmológico
Santa Lucía y al apuntalamiento bibliográfico de los laboratorios
Alcon SA, y Allergan SA